No queremos hacerte sentir culpable mientras desayunas tranquilamente, pero ¿sabías que en este momento 925 millones de seres humanos padecen hambre en el mundo, y de esa cantidad 795 millones no disponen de alimentos suficientes para llevar una vida saludable y activa? Estamos hablando de 1 de cada 9 personas que habitan este planeta.
La mayoría de estas personas viven en países en vías de desarrollo y los más afectados son los niños: uno de cada tres padece retraso del crecimiento por malnutrición y aproximadamente 66 millones de los que asisten a la escuela primaria lo hacen hambrientos. Así no hay forma de crecer y progresar, no sólo como personas en el caso de los afectados, sino como sociedades y como países.

Como bien sostiene la ONU, el hambre extrema y la malnutrición son obstáculos importantes para el desarrollo sostenible, porque hace que las personas sean menos productivas y más propensas a sufrir enfermedades. Por consecuencia, esto afecta su capacidad para aumentar sus ingresos y mejorar sus medios de vida. El pronóstico para 2050 es que 2,000 millones de personas más estarán en esta situación.
¿Cómo llegamos hasta aquí? El diagnóstico es que las malas prácticas de recolección y el desperdicio de alimentos han contribuido a la escasez. Las guerras también han afectado: cancelan la disponibilidad de alimentos y destruyen dónde cultivarlos.
Sabemos que no es tu culpa que haya gente con hambre en el mundo, pero es un tema que debería importarnos a todos. En la medida en que más personas tengan acceso a los alimentos (y que éstos sean de calidad), la economía, la salud, la educación, la igualdad y el desarrollo de los países mejoran.
¿Cuál es el plan para superar esta emergencia?
El consenso generado entre la comunidad mundial es que para el 2030 no sólo es posible poner fin al hambre, sino que además se puede lograr la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición, y promover la agricultura sostenible.
Por ello estas metas forman parte del Objetivo 2 de Desarrollo Sostenible, de los 17 con los que se busca transformar al mundo.
La propuesta es que entre todos los países que se comprometieron con estos objetivos se invierta unos 267,000 millones de dólares más al año en las zonas rurales y urbanas, para que las poblaciones pobres puedan acceder a los alimentos y a la protección social que les permita mejorar sus medios de vida.
¿Cómo se hará? Entre otros puntos, destinando esas inversiones para duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los pequeños agricultores que a través de 500 millones de granjas alimentan al 80% del mundo en desarrollo. Se busca centrar el financiamiento en mujeres, pueblos indígenas, agricultores familiares, pastores y pescadores, para que tengan acceso a mejores prácticas agrícolas, servicios financieros y mercados.

Dichas prácticas agrícolas deben contribuir al mantenimiento de los ecosistemas y fortalecer la capacidad de adaptación al cambio climático, para mejorar progresivamente la calidad del suelo y la tierra.
También se busca aumentar las inversiones en infraestructura rural, investigación agrícola, desarrollo tecnológico y bancos de genes de plantas y ganado, a fin de mejorar la capacidad de producción agrícola de los países en desarrollo.
¿Qué puedes hacer tú?
La ONU sugiere empezar desde la casa, trabajo o comunidad, con pequeños cambios de vida cotidiana como no desperdiciar comida y comprar en los mercados locales. Otra opción es usar tu poder como consumidor y votante, y exigir a los gobiernos que cumplan sus compromisos para alcanzar los ODS. Si quieres ideas sobre otras formas de participar, puedes consultar el sitio web de la iniciativa aquí.