Si hay una fruta que recibe poco amor en la mesa navideña, es el tejocote. Pequeño, de piel dura, con manchas que parecen pecas y lleno de huesos, suele ser lo que muchos apartan al fondo de la taza de ponche. Sin embargo, este “patito feo” de la fruticultura mexicana esconde una historia digna de una serie de suspenso: durante años fue una de las frutas más buscadas por el contrabando y hoy se ha convertido en el “oro naranja” que sostiene a miles de familias en Puebla.
El fruto prohibido
Por increíble que parezca, durante décadas el tejocote fue un fugitivo en la frontera norte. Debido a la presencia de la mosca de la manzana (Rhagoletis pomonella), el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) prohibió estrictamente su entrada para proteger sus propios cultivos. Pero la nostalgia es poderosa.
Para los millones de mexicanos que viven en EE. UU., un ponche sin tejocote simplemente no es ponche. Esto alimentó un mercado negro donde la fruta viajaba escondida en maletas, llantas de refacción o cajas de doble fondo. Fue, durante mucho tiempo, uno de los productos agrícolas más confiscados en las aduanas estadounidenses.
En el trono de Puebla
La historia cambió radicalmente en 2015, cuando se formalizaron los protocolos fitosanitarios que permitieron su exportación legal (principalmente congelado o procesado). Desde entonces, el tejocote ha vivido un ascenso meteórico.
En este 2025, el estado de Puebla se consolida como el rey absoluto, aportando el 94% de la producción nacional. Municipios como Calpan, Chiautzingo y Huejotzingo han transformado sus campos en una potencia exportadora. Según los datos más recientes del cierre de 2024 y proyecciones de 2025, la producción nacional supera las 5,300 toneladas, generando una derrama económica que sobrepasa los 20 millones de pesos.
Lo que lo hace valioso no es solo su uso en el ponche. La industria ha descubierto que el tejocote es una mina de pectina, una sustancia natural que se usa para espesar mermeladas, cosméticos y hasta medicinas. Aquella fruta “fea” y dura resultó ser una joya industrial y gastronómica.
El valor de la nostalgia
El éxito actual del tejocote se debe al llamado “mercado de la nostalgia”. Hoy, el precio del tejocote de exportación puede llegar a ser hasta cinco veces más alto que el que se vende en los mercados locales mexicanos.
Así que, la próxima vez que veas un tejocote en tu ponche, no lo ignores. Estás ante un sobreviviente que venció prohibiciones fronterizas y que hoy, representa el orgullo y el sustento de la Sierra Nevada poblana. Es la prueba de que, en el campo mexicano, hasta el fruto más pequeño puede conquistar el mundo si tiene una historia que contar.
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