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Recursos Naturales

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Mariposas y abejas: su supervivencia es la del planeta

Publicado el 12 enero 2018

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El 3 de marzo es el Día Internacional de la Naturaleza, buena ocasión para recordar por qué debemos proteger a estos insectos.

 

Hace tres años, la Asamblea General de la ONU decidió proclamar el 3 de marzo como el Día Internacional de la Naturaleza. El objetivo de la celebración es asegurar que el comercio internacional de animales y plantas salvajes no amenace su supervivencia y, sobre todo, no olvidar que es responsabilidad de cada generación proteger la vida silvestre para la siguiente generación.

 

Los elefantes africanos y asiáticos fueron el objetivo de la campaña mundial de 2016. En lo que definen la del 2017, retomamos el llamado mundial para proteger dos especies que cumplen importantes funciones en nuestro ecosistema y que hoy se encuentran en riesgo ante la disminución de sus poblaciones: las mariposas y las abejas.

 

Las mariposas existen desde hace unos 50 millones de años y se han adaptado a todo tipo de clima: fríos, cálidos, secos, húmedos, al nivel del mar y en las montañas; no obstante, su hábitat preferido son los bosques tropicales. Son parte esencial de la biodiversidad y el ecosistema, básicamente por tres factores: como alimento para otras especies, como herramienta fundamental para la polinización de las plantas junto con las abejas, y como referencia en investigaciones científicas para medir la erosión de un hábitat o el cambio climático, por su sensibilidad ante los contaminantes o toxinas del medio ambiente. Las mariposas monarca, por ejemplo, han proporcionado información relevante sobre las migraciones animales, la evolución, la embriología, la genética y el combate a las plagas.

 

Las abejas no se quedan atrás. Con una existencia de 100 millones de años, no sólo producen miel y sus derivados, también son las mejores polinizadoras de las plantas en flor, proceso indispensable para que la vida continúe sobre la tierra como ha definido la FAO. De acuerdo con los datos de esta organización, de las 100 especies vegetales que proveen el 90 % de los alimentos en 146 países, 71 son polinizadas por abejas (básicamente frutas y verduras). A esto hay que sumarle que el 75 % de todos los cultivos dependen en cierta medida de polinizadores como las abejas.

 

Si bien no hay conclusiones definitivas, estudios científicos atribuyen la disminución de las poblaciones de abejas y mariposas a la intensificación de la agricultura, al cambio climático (calentamiento global y alteraciones en los patrones de cada estación), enfermedades, y a algo que se conoce como colapso de desorientación de las colonias en el caso de las abejas.

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No queremos perderlas

 

La disminución de las poblaciones de mariposas y abejas es considerada por la FAO como “uno de los problemas más apremiantes a los que se enfrenta hoy la agricultura”, no sólo por los problemas para garantizar la alimentación mundial, sino también por el impacto económico que tiene. El Instituto Nacional Francés de Investigación Agronómica ha valorado la aportación de los polinizadores a la agricultura mundial en más de 200 millones de dólares al año.

 

Por ello el organismo lanzó el Proyecto Global de Polinización, que consiste en desarrollar políticas agrícolas que combinen las soluciones tradicionales de agricultores y horticultores, con soluciones propuestas por científicos.

 

El trabajo se realiza con comunidades agrícolas, asociados nacionales y responsables de elaborar las políticas agrícolas de Brasil, Ghana, India, Kenya, Nepal, Pakistán y Sudáfrica. La FAO documenta las prácticas exitosas que beneficia a los polinizadores sin reducir los rendimientos, con el fin de compartirlas y sumarla a los esfuerzos de conservación de los polinizadores a nivel mundial. Lo que se busca es modificar los sistemas intensivos, reducir la utilización de plaguicidas e introducir una mayor diversidad mediante el abono verde, la rotación de cultivos y la plantación de setos.

 

¿Qué podemos hacer desde casa para contribuir al esfuerzo? El Departamento de Medio Ambiente de Gran Bretaña sugiere plantar más flores, arbustos y árboles, permitir que en ciertas zonas del jardín crezcan plantas silvestres, no cortar el césped tan seguido, no molestar o destruir nidos o insectos en hibernación, y no utilizar insecticidas si no es estrictamente necesario.

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